Chopin, el DJ y el hombre que nos alivio la tos

Uno de los sonidos más tranquilizadores que conozco es el del agua cayendo por una cascada. Un sonido que prácticamente es música, aunque no lo oigamos, es suficiente mirarlo. Muy a menudo la naturaleza puede ser descrita con una serie de acordes al piano. El Estudio Op. 10, n.º 1 de Chopin es conocido popularmente como «La cascada». Y con mucha razón, pues la mano derecha sube y baja con rapidez por las distintas escalas realizando arpegios de difícil ejecución para los dedos y el brazo de un principiante. Los Estudios son una serie de partituras que Chopin compuso como ejercicios de piano, pero obviamente en este caso es para un habilidoso iniciado, puesto que la lejanía de las notas y el compás usado incrementa la dificultad técnica de la interpretación. Mirando la práctica de esta hermosa pieza es comprensible que también sea conocida como «La escalera». El musicólogo James Huneker realizó una comparación con la obra del grabador italiano Giovanni Battista Piranesi (1720-1728). En la serie de grabados de Le Carceri d’Invenzione aparecen todo tipo de escaleras que van en direcciones caóticas y que dan a las escenas una sensación lúgubre a la par que frenética.

«Las irregulares escaleras de notas ascendentes y descendentes golpean al neófito con terror. Igual que en los aéreos sueños arquitectónicos de Piranesi, estos vertiginosos ascensos y descensos del ejercicio de Chopin producen un encanto, casi hipnótico, tanto para los ojos como para el oído». J. Huneker.

Antes de seguir con la lectura, es necesario pararse dos minutos a disfrutar de la pieza interpretada por los ágiles dedos de Valentina Lisitsa. Incluso invito al lector a escucharlo una segunda vez, pero viendo el grabado de Piranesi que insertamos abajo. Es más, pondría el vídeo en bucle para poder analizar los dieciséis grabados .

Fuente: https://goo.gl/06Hlr.
Cuando vemos este grabado de Piranesi es inevitable no pensar en Escher. Fuente: https://goo.gl/06Hlr.

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Chopin, igual que Marie Curie, fue un polaco que emigró a Francia para conseguir lo que no podía conseguir en su país, aunque por razones bien distintas. Si bien la radiante química buscaba una salida a su genio que por ser mujer no podría encontrar en otro lugar, el joven compositor pretendía tender puentes, lazos y todo tipo de relaciones. En el siglo XIX París era un hervidero de arte, música, cultura y, por supuesto, ciencia. En 1832 Chopin dio su primer concierto en la ciudad, en el mismo año que un maduro químico de la región de Bretania descubría una molécula que prácticamente toda la población ha consumido como medicamento alguna vez en su vida. No sabemos si Pierre Jean Robiquet (1780-1840) fue alguna vez a un concierto de Chopin, pero uno de sus descubrimientos y «La escalera» tienen algo en común, aunque solo sea de forma poética.

Los padres de Robiquet fueron detenidos en los tumultos de la Francia revolucionaria por sus simpatías con los girondinos, así que se vio obligado a buscarse la vida de algún modo. Con quince primaveras comenzó a trabajar de ayudante de farmacéutico. Este periodo lo acercó a la química y a la ciencia en general. Avatares del destino, el encarcelamiento de una pareja sería el detonante de un futuro científico que escribiría una página en la historia de la ciencia. Afortunadamente fueron liberados y el padre lo envió a París a perfeccionar sus estudios en Farmacia. Obviamente, como era común en la época, siguió trabajando como ayudante para poder costearse tanto los estudios como la manutención. Su primer puesto de interés, y con menos de veinte años, fue con el químico francés Louis Nicolas Vauquelin (1763-1829), quien tiene dos casillas en la tabla periódica: cromo (1797) y berilio (1798). A partir de ahí, los diversos puestos de profesor en la enseñanza universitaria le permitiría investigar y descubrir importantes sustancias químicas.

En 1805 descubrió —junto a Vaquelin— el primer aminoácido de la historia, la asparagina, aislada directamente del espárrago. El olor característico de la orina tras tomar espárragos proviene de los productos metabólicos de la asparagina. Al año siguiente publicaron el artículo «Descubrimiento de un nuevo principio vegetal en el jugo de espárragos», donde explicaban su hallazgo. Cada vez que tome unos espárragos revueltos con setas recuerde que ese bocado singular abrió una nueva era en la era de la química y la biología. A partir de ahí se sucedieron los descubrimientos de aminoácidos hasta un total de veinte. Uno de ellos fue el ácido aspártico, que fue aislado en 1827 por Auguste-Arthur Plisson y Étienne Ossian Henry, precisamente a partir de la hidrólisis de la asparagina. Plisson fue una de las miles de personas que murieron en la epidemia de cólera que arrasó París en 1832.

Primera página del artículo donde Robiquet anunciaba el descubrimiento de la asparagine. «La découverte d'un nouveau principe végétal dans le suc des asperges», 1806.
Primera página del artículo donde Robiquet anunciaba el descubrimiento de la asparagine. 1806.

Precisamente en 1832 Robiquet —que se mantuvo al margen de la epidemia— realizaba uno de los hallazgos más importantes de su vida y, tal vez, para el ámbito farmacológico. Robiquet descubrió la codeína, un derivado del opio que es ampliamente utilizado por una buena parte de la población mundial. Publicó el artículo «Nuevas observaciones sobre los principales productos del opio», donde ya de algún modo advertía sobre el uso responsable de la sustancia. La etimología de codeína nos dice que viene del vocablo κώδεια, que significa cabeza de adormidera (opio). La codeína es uno de los antitusígenos más extendidos, suele presentarse en los jarabes para la tos o en comprimidos. Entre otras indicaciones también actúa como analgésico, razón por la cual se han puesto de moda los comprimidos de ibuprofeno con codeína. Lo curioso es que el metabolismo de la codeína produce morfina, por lo que en realidad se trata de un profármaco. Y aquí está el lado oscuro de esta sustancia que tanto nos gusta en momentos de tos desesperante: entre los efectos adversos que produce puede derivar en una adicción. Por eso la codeína se encuentra en pequeñas dosis dentro de los medicamentos habituales.

Primera vez que aparece el término «codeína», término acuñado por Robiquet en 1832.
Primera vez que aparece el término «codeína», término acuñado por Robiquet en 1832.

Robiquet es el hombre que nos alivió la tos y abrió un nuevo campo en el tratamiento sintomático, pero también puso el primer ladrillo en la química de los tintes artificiales. Consiguió identificar, junto a su colega M. M. Colin, dos sustancias colorantes en la raíz de rubia roja: alizarina y purpurina. La alizarina es, por ejemplo, la responsable del característico color de los «Casacas rojas», aquellos regulares británicos del siglo XVIII que hemos visto en más de una película. El descubrimiento de Colin y Robiquet, publicado en 1827, sería casi el pistoletazo de salida de la industria del tinte sintético, pues unos cuarenta años más tarde ya se consiguió sintetizar la alizarina a partir el antraceno.

Robiquet y Colin publicaron sus investigaciones sobre la  rubia roja en 1827, en el artículo «Nouvelles recherches sur la matière colorante de la garance».
Robiquet y Colin publicaron sus investigaciones sobre la rubia roja en 1827, en el artículo «Nouvelles recherches sur la matière colorante de la garance».

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Paris, 1832. El cólera asolaba la ciudad, Robiquet descubría la codeína y Chopin daba su primer concierto. Tan solo seis años después Chopin viajaba a Mallorca por indicación médica. Su salud se había resentido cada vez más y necesitaba un aire limpio para respirar. No había duda, tenía tuberculosis.En la actualidad hace tiempo que la codeína es indicada para tratar la tos en estos casos, así que es una ironía que Robiquet la descubriese en la misma ciudad y en el mismo momento donde el joven compositor gestaba su dolencia. En 1835 su situación se agravó tanto que pensó en el suicidio y realizó el primer borrador de su testamento. Una pericarditis —como complicación de la tuberculosis— sería sin embargo lo que acabó con él, en 1849 y con solo 39 años.

Los Estudios de Chopin han sido de gran utilidad a estudiantes y grandes artistas, incluso los menos esperados. Robert Earl Davis Jr., de nombre artístico DJ Screw, fue una figura principal en el Hip Hop de Houston. Aunque parecía que su futuro iba a ser camionero, como el padre, finalmente se declinó por la música, todo a raíz de una película que lo fascinó. Mientras lee el final del artículo puede poner de fondo un vídeo de DJ Screw, es necesario escucharlo para poder apoyar lo que viene en seguida. Debo reconocer que no es santo de mi devoción, pero también debo reconocer que no es nada desdeñable la valía de sus temas.

En siete años DJ Screw aprendió a tocar de oído «La cascada», algo para lo que yo me veo incapacitado, así que toda mi admiración por aquel DJ norteamericano. Recordemos que en la pieza de Chopin el ritmo frenético de la mano derecha contrasta con la parsimoniosa gravedad de la mano izquierda, a modo de un monótono martillo del que no podemos escapar. La música del DJ derivó en eso, unos ritmos lentos y repetitivos que, tal vez, fueran influenciados por los efectos psicotrópicos de una de sus adicciones: purple drunk. Se trata de un preparado casero a base de jarabe para la tos (con codeína), refresco y dulces. Entre los efectos secundarios de la codeína encontramos el letargo, ¿influiría este estado en la música de este tipo de artistas? Sería interesante un estudio a fondo sobre el tema, aunque muy posiblemente los habrá. Lo que sí está claro es que el tema de DJ Screw tiene algo de hipnótico. En cualquier caso una combinación de codeína, alcohol y fenciclidina acabó definitivamente con su vida a los 29 años. DJ Screw falleció en 2000, pero este desenlace y otros no confirmados no amedrentaron al rapero Pimp C, que corrió la misma suerte en 2007, incluso haciendo apología del consumo de la codeína. Hace doscientos años que el descubridor de la codeína ya se dio cuenta de la nocividad de la sustancia y hoy caemos en el mismo error. Espero no molestar a alguien, pero por este rapero y otros defensores de las drogas ya no tengo el mismo respeto. Un triste ejemplo de justicia poética para nuestros jóvenes: los medicamentos los manda el médico y no se usan para otros fines.

CodeinaFinal
El el penúltimo párrafo Robiquet ya dejaba claro que el consumo de una dosis suficientemente alta de codeína es dañino. En 1832.

Referencias y documentos

  • Blondeau, A., «Notice nécrologique sur M. Plisson», Concours sur l’acétification de l’alcool: question proposée par la société de pharmacie de Paris: séance publique de l’école et de la société de pharmacie réunies, concours de 1832,. Paris: De Fain, 1833: 32-34.
  • Huneker, J. (1918), Chopin: The Man and his Music, New York.
  • Robiquet, P. J., «Nouvelles observations sur les principaux produits de l’opium», Annales de chimie et de physique, 1832, 51: 225–267.
  • Vauquelin, L. N., Robiquet, P. J., «La découverte d’un nouveau principe végétal dans le suc des asperges», 1806, 57: 88–93.
  • Wisniak, J., «Pierre-Jean Robiquet», Educación Química, 2013, 24: 139-149.
  • Bussy, A., «Éloge de Pierre Robiquet», Journal de Pharmacie, 1841, 27: 220-242.

3 Comentarios

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Emilio MolinaEmilio Molina

«Uno de los sonidos más tranquilizadores que conozco es el del agua cayendo por una cascada.»

Falta la segunda parte: «si no te estás meando». Porque en ese caso, es uno de los sonidos más perturbadores… 😉

Fascinante entrada.

Elena EscuderoElena Escudero

Valentina Lisitsa es la más grande y genial pianista de nuestra época, dotada de unas manos mágicas y una sensibilidad inigualable, Y para colmo es inteligente, polémica, perspicaz y valiente.

Pocas artistas de su talla son tan sinceramente viscerales, como para decir: “Yo no quiero entretener al público. Cuando interpreto una obra dramática, quiero que sienta el sufrimiento del autor de esa música”.

Ucraniana de nacimiento vive en EEUU y no ha regresado a Kiev porque considera que el régimen de Poroshenko es de carácter neonazi, lo que le ha costado incluso que le anularan conciertos en Canadá.

Ella está orgullosa de ser rusa, se considera rusa y afirma que las últimas palabras que pronunciará antes de morir serán en su lengua: en ruso, aunque domine el ucraniano “mejor que todos los líderes del país”.

Gracias por ponerla como ejemplo de artista que danza en la catarata chopiniana-

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